Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso.
Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didaskó
Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas
ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco
años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a
la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa.
Didaskó
le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que
aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre
las ramas:
-"¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?"
La niña lo hace callar:
-"Ssshhhh".Y en secreto le explica:
-"Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas"
1 comentario
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Paloma
22 may 2007 | 03:17
Hola como estan? Hace mucho que no se de vos y del pelao, que es de su vida, de vez en cuando un mail no viene nada mal, yo aca bien estudiando, dentro de todo tranquila. Muy lindo lo que publicaste. Besos cuidate. Y espero noticias de vos y de pablo.